El transporte marítimo representa cerca del 3% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, enfrentando el reto urgente de reducir su huella ambiental sin comprometer la eficiencia logística que lo caracteriza.
Una de las soluciones emergentes ante este reto es el uso del biometano licuado (bioGNL), con un potencial transformador real.
El bioGNL es un combustible renovable obtenido a partir de biometano, que a su vez proviene del procesamiento de residuos orgánicos mediante digestión anaeróbica. Su uso permite una reducción neta de hasta el 92% de las emisiones de CO₂ respecto al fuelóleo pesado. Algo que lo consolida como una alternativa viable dentro de una estrategia de transición energética gradual, aprovechando infraestructuras y tecnologías ya existentes.
¿Qué es el bioGNL y cuáles son sus ventajas técnicas en la navegación?
El bioGNL es la forma licuada del biometano, un gas renovable producido a partir de residuos agroganaderos, orgánicos o industriales.
Su proceso de producción comienza con la digestión anaeróbica de materia orgánica, generando biogás que, tras su purificación, se convierte en biometano.
Este biometano se licúa enfriándolo a temperaturas criogénicas, lo que permite su almacenamiento y transporte en condiciones óptimas para su uso marítimo.
Desde el punto de vista de la sostenibilidad, el bioGNL es un claro ejemplo de economía circular. Al reutilizar residuos orgánicos como materia prima, se ofrece una doble ventaja: se evita la emisión de metano a la atmósfera y se genera energía limpia y renovable.
En el aspecto técnico, uno de los mayores atractivos del bioGNL es su compatibilidad con la infraestructura y tecnología ya desarrolladas para el GNL fósil.
Los buques equipados con motores duales a gas pueden operar con bioGNL sin modificaciones significativas. Esta interoperabilidad minimiza la inversión inicial necesaria para su adopción y permite a las navieras adoptar una estrategia escalonada en su transición energética.
Además, los motores duales permiten el uso de mezclas con otros combustibles renovables, como el hidrógeno verde. En el caso de Baleària, se ha demostrado su capacidad para utilizar hasta un 25% de hidrógeno mezclado con biometano, un enfoque que abre la puerta a soluciones tecnológicas híbridas orientadas a la neutralidad climática.
Casos pioneros en España: Baleària, Axpo Iberia y Enagás
España se ha posicionado como referente en la implementación del bioGNL gracias a proyectos pioneros impulsados por empresas como Baleària, Axpo Iberia y Enagás.
En marzo de 2025, se concretó un hito histórico con los primeros suministros comerciales de bioGNL en puertos españoles, realizados desde las terminales de regasificación de Enagás en Huelva y Barcelona.
El ferry Rusadir, operado por Baleària en la ruta entre Málaga y Melilla, fue uno de los primeros buques abastecidos desde la terminal de Huelva. Paralelamente, el fast ferry Margarita Salas, que conecta Barcelona con Mallorca y Menorca, recibió bioGNL en la terminal de Barcelona.
Estas operaciones, realizadas en coordinación con Axpo Iberia, validaron la eficacia técnica del suministro, así como la trazabilidad y sostenibilidad del combustible.
Más allá del hecho puntual, estas acciones sientan las bases para la creación de “corredores verdes” marítimos. En zonas estratégicas como el mar de Alborán, se están desarrollando rutas marítimas regulares alimentadas por combustibles renovables, lo que supone un avance tangible hacia un transporte marítimo más limpio entre Europa y el norte de África.
La infraestructura como palanca para la adopción
La viabilidad del bioGNL depende en gran medida de contar con una infraestructura adecuada para su suministro. En este sentido, las plantas de regasificación de Enagás en Barcelona y Huelva han sido adaptadas para ofrecer servicios específicos de abastecimiento de bioGNL, cumpliendo con los requisitos de sostenibilidad y trazabilidad exigidos por la Unión Europea.
Estas instalaciones se benefician de una red gasista interconectada que ya cuenta con capacidades logísticas para el GNL fósil, lo cual permite una integración eficiente del bioGNL sin inversiones desproporcionadas.
Esta compatibilidad es clave, ya que facilita una transición paulatina, donde el porcentaje de bioGNL puede ir aumentando progresivamente en función de la oferta y la demanda.
Otro elemento esencial es el desarrollo del bunkering marítimo. Desde 2022, el suministro de GNL a buques ha aumentado significativamente en España, alcanzando los 3,8 TWh en 2024.
Esta infraestructura, al ser también válida para el bioGNL, permite aprovechar las sinergias logísticas y facilita la adopción de este biocombustible renovable por parte del sector marítimo.
Impacto ambiental del bioGNL
La principal ventaja ambienta de este biocombustible es la reducción de hasta un 92% en las emisiones netas de gases de efecto invernadero en comparación con el fuelóleo pesado.
Esta reducción se debe al origen biogénico del carbono en el biometano, que proviene de biomasa que ha absorbido CO₂ durante su ciclo vital, generando así un ciclo casi neutro en emisiones.
Según el estudio encargado por SEA-LNG a la Universidad Tecnológica de Nanyang, el bioGNL ofrece beneficios ambientales significativos a lo largo de todo su ciclo de vida. Algo fundamental para cumplir con los objetivos establecidos por la Organización Marítima Internacional (OMI), que exige una reducción del 40% en la intensidad de emisiones de carbono para 2030 y al menos un 70% para 2050.
Además, al evitar el vertido de residuos orgánicos y su conversión en metano atmosférico, el bioGNL contribuye indirectamente a reducir otros impactos climáticos asociados al uso de combustibles fósiles.
Perspectiva económica, competitividad y futuro del bioGNL
Aunque actualmente el bioGNL presenta un coste superior al del GNL fósil, las proyecciones indican una evolución favorable.
De acuerdo con el informe de la Universidad Tecnológica de Nanyang, se prevé que el coste medio del bioGNL se reduzca en un 30% para el año 2050, principalmente gracias a la optimización de procesos de digestión aeróbica y a la producción a escala industrial.
Comparado con otros combustibles alternativos como el biometanol o el amoníaco verde, el bioGNL destaca por su competitividad en costes y su mayor madurez tecnológica.
La posibilidad de integrarse en la infraestructura existente sin necesidad de realizar inversiones disruptivas le otorga una ventaja clave frente a opciones menos desarrolladas.
El futuro del bioGNL también pasa por la cooperación entre actores públicos y privados. Iniciativas como Core LNGas Hive, promovidas por Enagás junto a la Unión Europea, han permitido sentar las bases de una cadena de suministro robusta y certificada.
Además, el avance regulatorio hacia la trazabilidad del origen del biometano y su certificación bajo normas europeas refuerza la confianza del mercado y mejora su viabilidad económica a largo plazo.
El bioGNL se posiciona como una solución realista, eficaz y sostenible para avanzar en la descarbonización del transporte marítimo. Con una reducción de emisiones de hasta el 92%, compatibilidad tecnológica, costes decrecientes y un marco de infraestructura favorable, este biocombustible renovable representa un puente ideal entre el presente fósil y el futuro neutro en carbono del sector naval.
España, a través de iniciativas como las de Baleària, Axpo Iberia y Enagás, ha demostrado que es posible implementar soluciones limpias a gran escala, sentando precedentes a nivel europeo. La puesta en marcha de corredores verdes y el desarrollo del suministro portuario marcan una hoja de ruta replicable para otros países y regiones.
A medida que aumente la producción industrial y se optimicen los costes, el bioGNL podrá consolidarse como una alternativa clave en la transición energética del transporte marítimo global. Su capacidad para integrarse de forma flexible con otros vectores renovables, como el hidrógeno verde, refuerza aún más su valor estratégico.
El reto ahora consiste en mantener el impulso, fomentar la colaboración público-privada y asegurar un marco regulatorio que permita escalar esta solución sin perder de vista los objetivos de sostenibilidad ambiental, eficiencia económica y resiliencia energética.



